miércoles, 13 de noviembre de 2013


Hola, mucho gusto; soy Gabriel Arias y te voy a contar un poco sobre mi opinión personal sobre la libertad de expresión en Venezuela. 

La libertad…Libertad. La libertad es aquella condición que todo ser viviente posee y que le permite tomar acciones sobre su vida sin que nada en este mundo o persona se lo impida, es un concepto muy primitivo o quizá muy cavernícola pero en cuanto a principios del comportamiento humano yo lo creo muy cierto; aunque con la libertad de expresión no compagina mucho por todo el asunto evolutivo del desarrollo humano, del pensamiento y del habla, sigue la misma línea accionaria sobre su condición; ¡Déjame hacer lo que quiero! ¡Déjame decir lo que quiero! Si seguimos la línea evolutiva de nuestro cavernícola o nuestra misma historia, como lo prefieran, nos damos cuenta de que con la libertad absoluta, abunda el desastre, todo el mundo hace lo que quiere o todo el mundo dice lo que quiere, ¿Qué papel juegan las normas o qué papel juegan las leyes? Las de regir o limitar esta libertad, quizá alguien alguna vez pensó que es mejor darle la opción de elegir entre manzana o manzana a una persona, a que elija una pera, una piña, una mandarina o cualquier otra.

En este sentido la libertad de expresión podría gritar; ¡Quiero una Pera púrpura no una manzana! Y la libertad como condición de cada una de las personas gritaría; ¡No me hacen falta sus manzanas yo puedo conseguir las mías! Pero mucho depende si este individuo es capaz de conseguir las suyas aunque ese es otro tema.

Ahora, libertad de expresión en Venezuela ¿existe realmente? ¿A los venezolanos nos ponen a elegir entre manzana o manzana? ¿Hay otras alternativas? ¿Somos capaces de poder gritar nuestra objeción? 

La respuesta es que si existe y siempre existirá a menos que se vaya con la extinción de la raza humana, pero en Venezuela, el gobierno de los 14 años, la ha pintado de un color; y si ella no es de ese color, es severamente juzgada y condenada bajo contextos absurdos e irracionales que van en contra de los principios democráticos de un país, de igual forma ocurre con el otro tinte de color que se ha dado por los; mas divertidamente podríamos llamarles “los rebeldes” quiénes también han dado un tinte de color propio y consecuente, por culpa de ambas partes es que nuestra Venezuela (digo nuestra, asumiendo que todos los que leerán este blog sean venezolanos y los que no lo sean, pues gracias por seguir leyendo estas líneas) se ha polarizado y dividido total y absolutamente, es algo así como tener dos países en uno con la única diferencia en que el primer país es el que rige todo mientras que la otra parte  lo intenta y los venezolanos somos los que estamos en medio siendo halados de un lado para el otro como muñequitos de felpa.

La libertad de expresión está tintada de colores en nuestro país, ¿qué futuro está escrito para ella? No lo sé, pero lo que si sé y si creo es que no todo es blanco o negro, para eso existe el matiz y si creo en una mejor Venezuela para nosotros los venezolanos, porque Venezuela es nuestra, de los que nacimos y crecimos en esta hermosa tierra, lamentablemente manchada de otro tinte que no es precisamente el tinte evolutivo y progresista que realmente necesita, pero este tinte no será (digámoslo en futuro para mantener siempre la fé de que seremos mejor país) indeleble.

Fuente; Mi cabeza

martes, 12 de noviembre de 2013

¿Qué influye en mi forma de pensar sobre la libertad de expresión en Venezuela?

Siempre he tenido una posición analítica en mi forma de pensar, siempre he dicho; “que la razón brille donde tenga que brillar”. Siempre he defendido mi pensamiento porque ya le he dado vuelta al asunto y cuando no lo hago es porque ni lo he pensado y por eso pienso que es preferible pasar por oyente que por sabelotodo y la verdad no saber nada.

Sin olvidar mis valores y la crianza que nos dio mi madre a mí y a mi hermano menor como madre soltera; no puedo negar que he tomado la mejor parte de su forma de pensar, y repito; la mejor parte, todos somos seres humanos y tenemos tanto cosas buenas como cosas malas y esas cosas buenas que me atrevo a decir que ella tiene más que malas, me han servido de cimientos en mi forma de pensar.

Mi padre no ha influido lo suficiente en mi forma de pensar sobre este tema, y tampoco en muchos otros, pero no voy a hablar de él como algo negativo, sino al contrario, gracias a su ausencia soy lo que soy. Por otro lado me atrevo a compartir un fragmento de una canción de Alex Ubago llamada Sigo Aquí, en una de las estrofas dice; “Jamás, ya me vas a conocer, niño y hombre puedo ser, no me uses y apartes de ti. Y vi, como alguien aprendió, lo que nadie le enseñó” La liberta ha formado parte de mi vida porque mi madre es quien me ha reflejado esa condición de la mejor manera, y con su criterio y el mío propio puedo vislumbrar la realidad sobre la libertad de expresión en nuestra Venezuela y es por eso que lo escogí.

Ya está bueno de hablar de mí, conozcamos algunas de las opiniones sobre la libertad de expresión de mis compañeros de clases.

Augusto Iacobucci de 22 años expresa; “mi opinión personal sobre la liberta de expresión en Venezuela es que aún podemos expresar de manera pública lo que pensamos sin ir a la cárcel por ello, aunque el cierre de los diferentes canales de televisión opacan la libertad de que haya diferentes puntos de vista a nivel masivo; ¡I LOVE PATRIA!” cierra textualmente Augusto.

Luisa Ramos de 20 años dice; “mi opinión personal seria que en Venezuela si existen distintas ideologías y no se limita las opiniones. Aún se conserva esa libertad de lo que queremos o pensamos”

Alan Rodríguez de 21 años nos expresa que; “en este país no hay libertad de expresión ya que todos los medios opositores los compraron y los usan para hablar paja, pero hay patria”


Fuente; Mi cabeza y la opinión de mis compañeros.

martes, 22 de octubre de 2013

La Opinión Pública


Definición de Opinión Pública

"La opinión pública consiste en el modo común y colectivo de pensar y de sentir de un grupo social más o menos vasto en determinadas circunstancias de tiempo y de lugar. Indica lo que la gente piensa comúnmente sobre un tema, un acontecimiento, un problema de cierto relieve".

Cómo se forma: "La opinión pública se forma por el hecho de que un gran número de personas hace propio, considerándolo verdadero y justo, lo que algunas personas y algunos grupos, que gozan de especial autoridad cultural, científica o moral, piensan y dicen. Lo cual muestra la grave responsabilidad de aquellos que por su cultura y su prestigio forman la opinión pública o influyen en alguna medida en su formación".

Cómo influye: "Hay que poner de relieve, al respecto, que la opinión pública tiene una gran influencia en la manera de pensar, de sentir y de actuar de aquellos que -o por su joven edad o por falta de cultura- no son capaces de formular un juicio crítico. De este modo son muchos los que piensan y actúan según la opinión común sin que estén en condiciones de sustraerse a su presión. Hay que poner también de relieve que la opinión pública influye fuertemente en la formación de las leyes".




Reseña histórica de la opinión pública
Desde la doxa griega, la vox populi medieval, la "reputación" de Maquiavelo, las "murmuraciones varias del pueblo" de Diego Saavedra Fajardo o la "apariencia" de Maquiavelo o de Baltasar Gracián, hay toda una serie de precedentes que muestran como los gobernantes han tenido, desde siempre, interés por conocer qué piensen de ellos sus súbditos o ciudadanos. El término "opinión pública" aparece, sin embargo, en pro vez primera en 1750 en la obra de Jean Jacques Rousseau Discurso sobre las artes y las ciencias.
En la antigüedad la opinión pública se remitía simplemente al diálogo que establecían los notables, es decir, sólo aquellos que no dependían económicamente, otros no podían opinar y dialogar sobre las cuestiones de la polis, ya que sólo eran aptos para trabajos manuales. Consecuentemente imperaba la marginalidad en el espacio público y no existía el diálogo sobre asuntos públicos.

Posteriormente, esa situación empezó a cambiar. Se conceptualizaba entonces como la opinión "del pueblo". Durante el siglo XVIII español, el concepto de opinión pública equivalía a “opinión de la multitud”, normalmente expresada a través de una reunión masiva. A finales de este siglo, sin embargo, empieza a adquirir connotaciones cualitativas y adquiere las notas propias que le otorgaría el liberalismo, como instrumento de guía y control del gobernante.

Se podría alegar que esa concepción correspondía a la del despotismo ilustrado y se refleja en dichos comunes en esa época: "todo para el pueblo pero por el pueblo, nada" (José II) "La mejor forma de gobierno es la que nos enseña a gobernarnos (en el sentido de controlarnos) a nosotros mismos" (Goethe) y ¡razonad tanto como queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced! (Kant).

El liberalismo moderado, sin embargo, modificó el concepto de opinión pública relacionándola a los "ciudadanos instruidos", distinguiendo entre opinión legal (expresada por el Parlamento) y natural (derivada de los ciudadanos). Una opinión que sólo podía manifestarse a través de medios jurídicos reglados: la libertad de prensa, el derecho de petición y el sufragio. Esto, por un lado, la restringió: el número de ciudadanos instruidos era muy bajo; y por el otro la extendió: para ser instruido no era requisito ser noble o miembro de las clases gobernantes. Esta reformulación coincide con la visión de los teóricos de la democracia liberal clásica (Rousseau, Locke, Tocqueville) Se puede alegar que ambas concepciones están basadas en un principio básico de la ilustración (ver Kant: ¿Qué es Ilustración?) Con el surgimiento de la cultura de masas y la expansión técnica, productiva del modelo fordista y expansión de la burocracia, comienza un progresivo ensanchamiento del término hasta que a fines del siglo XX el ciudadano es la población misma, ahora transformado en "el público".

En el presente el concepto esta íntimamente ligado con los "muestreos de opinión pública", aproximación que se basa en la necesidad y habilidad de organizaciones estatales, empresariales y educativas que comenzaron a desarrollar métodos que permitían la selección relativamente imparcial de participantes y la recogida sistemática de datos entre un amplio y variado sector del público. Esto ocurrió entre la década del 30 y el 40 del siglo XX. Entre los pioneros en este sector se encuentra el analista estadounidense George Horace Gallup, inventor del sondeo que lleva su nombre. Desde la década de los 50 comenzó el criterio estadístico, cuya mayor crítica ha sido el grado de representatividad, cuestión contenida en las teorías de estadística social.



La opinión de Jürgen Habermas y Elisabeth Noelle-Neumann sobre la opinión pública.
Jürgen Habermas nace en Düseldorf, Alemania, en 1929. Es filósofo, sociólogo, psicólogo y estudioso de la literatura alemana, interesado en la acción comunicativa y la importancia del discurso, elemento fundamental en los Estados democráticos, con especial énfasis en la opinión pública.

En el libro La opinión pública en Habermas (2001), Margarita Boladeras explica de manera clara el pensamiento habermasiano: la opinión pública tiene implicaciones y sentidos diversos, aunque no claros ni obvios; surgen en un espacio público ilimitado debido a la multiplicidad de intercambios sociales en su interior relacionados, sobre todo, a la dinámica del poder y de los procesos políticos; es pieza clave en la propuesta de política deliberativa para superar déficits democráticos de los Estados contemporáneos. En el espacio público es en donde surge la opinión pública, la cual puede ser manipulada y deformada, pero su importancia recae en ser eje de cohesión social y soporte de la legitimación o no para la política. Además, todo depende de la actividad dentro de ese espacio para permitir las libertades individuales y políticas; es la dinámica de lo público formado por cualquier grupo de diálogo, de todo tipo de público —distintas personas— con intereses comunes, y tratando cuestiones varias. Es un espacio ciudadano, civil y no de un determinado sistema o estructura social en donde la política (praxis del estado) es un tema importante, pero no el único.

Elisabeth Noelle-Neumann nace en Berlín, Alemania, en 1916. Es filósofa, historiadora y periodista, dedicada al área profesional de las ciencias políticas e interesada principalmente en la opinión pública, objeto de investigación para obtener el doctorado en 1940. Ella formula un modelo para explicar la influencia de la opinión pública sobre los individuos, en sus opiniones y acciones, al cual denomina La espiral del silencio (Noelle, 1995):

“Expresar la opinión contraria, o actuar en público de acuerdo a ella, presenta el peligro de aislamiento. En otras palabras, se puede describir a la opinión pública como la opinión dominante que obliga a la obediencia de actitud y comportamiento, amenazando al individuo disidente con el aislamiento y al político con la pérdida del apoyo popular”

Fuente; Perspectivas teóricas sobre la opinión pública: Habermas y Noelle- Neumann. Jesús Leticia Mendoza Pérez. Universidad de Colima, México.


miércoles, 16 de octubre de 2013


Definición de la libertad de expresión

La libertad de expresión es un derecho fundamental o un derecho humano, señalado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, y las constituciones de los sistemas democráticos, también lo señalan. De ella deriva la libertad de imprenta también llamada libertad de prensa.

El derecho a la libertad de expresión es definido como un medio para la libre difusión de las ideas, y así fue concebido durante la Ilustración. Para filósofos como Montesquieu, Voltaire y Rousseau la posibilidad del disenso fomenta el avance de las artes y las ciencias y la auténtica participación política. Fue uno de los pilares de la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos (Primera Enmienda) y la Revolución francesa, hechos que revolvieron las cortes de los demás estados occidentales.

Otro argumento clásico, asociado a John Stuart Mill, es que es esencial para el descubrimiento de la verdad. Oliver Wendell Holmes Jr.y Louis Brandeis, famosos juristas estadounidenses, acuñaron el argumento del mercado de ideas. Según esta analogía con la libertad de comercio, la verdad de una idea se revela en su capacidad para competir en el mercado. Es decir, estando en igualdad de condiciones con las demás ideas (libertad de expresión), los individuos apreciarán qué ideas son verdaderas, falsas, o relativas. Este argumento ha sido criticado por suponer que cualquier idea cabría en el mercado de ideas. Y aun así, el que unas ideas tengan mayores medios de difusión las impondría sobre otras, al margen de la verdad. La alternativa a esta debilidad del mercado de ideas sería la persecución de la falsedad. Pero esta presenta su propia debilidad, ¿cómo saber si se está en lo cierto si se persigue la opinión disidente? Incluso si pudiéramos tener la certeza de la verdad de una opinión, la existencia de opiniones disidentes permite poner a prueba, mantener viva y fundamentada la opinión verdadera y evita así que se convierta en dogma o prejuicio infundado.

Lo cierto es que esta metáfora se presta a equívocos, y Mill no comparó la libertad de expresión con un mercado. En Sobre la libertad (1859) apelaba a la libertad para exponer y discutir con el fin del conocimiento. Esto implica unas normas implícitas de conducta que aseguren el mutuo respeto entre los ponentes.